viernes, 21 de agosto de 2009

EL BIEN Y EL MAL EN UN SOLO CUERPO " EL HOMBRE" ENSAYO

La ciudad de Dios del autor San Agustín de Hipona. Es una de las obras maestras, en ella ofrece una síntesis de su pensamiento filosófico, teológico y político. Fue escrita desde el 413 al 426 a.c. El motivo por el cual escribió esta obra fue las críticas que los paganos hacían contra el cristianismo: Roma había caído bajo los visigodos (410), la Ciudad Eterna se había hecho añicos.... Los paganos habían culpado a los cristianos de tal desastre, argumentando que el abandono de los dioses tradicionales en favor del cristianismo, convertido desde hacía tiempo en la religión del imperio, había sido la causa de la pérdida del poder de Roma y de su posterior destrucción.

Para sentar mi tesis sobre “el bien, el mal y las instituciones”; me basaré en dos planteamientos que hace San Agustín. Teniendo una posición inicial en concordancia con su planteamiento, en lo relacionado a la presencia de los antagonismos; pero disintiendo en el sentido de lo divino, en el triunfo del bien sobre el mal en el cielo y “el poder de los gobernantes procede de Dios”; para efecto del ensayo, los gobernantes está representado por las instituciones de los individuos en la sociedad.
San Agustín: 1) Con relación a la lucha eterna entre el bien y el mal; sobre la idea del bien; con la de Dios, inspirada en el cristianismo al considerar que la felicidad la gozarían los bienaventurados en el cielo, tras la práctica de la virtud, y el mal, era el ámbito de la oscuridad (problemas) gobernado por Satán. Un día el mal invadió el bien y desde allí tienen una constante pelea. 2) San Agustín aceptará que la sociedad es necesaria al individuo, aunque no sea un bien perfecto; sus instituciones, como la familia, se derivan de la naturaleza humana, siguiendo la teoría de la sociabilidad natural de Aristóteles, y el poder de los gobernantes procede directamente de Dios.”

El siguiente texto se basa en el capítulo cuarto del libro primero “la devastación de Roma no fue castigo de los dioses debido al cristianismo”; el desarrollo se plantea iniciando con la biografía del autor, la cual permitirá una contextualización histórica de los hechos; luego se planteara los aportes que el autor hace a la filosofía; posteriormente se conocerá la tesis en la que se baso el autor y la definición de cada uno de los tópicos, aportará una mayor comprensión; finalmente, comprensión del capítulo IV; contexto actual de esta magna obra y desde allí se hará una revisión de su vigencia; síntesis y conclusiones.

BIOGRAFÍA
Nació en Ta­gaste (África) un 13 de Noviembre del 354 d.p. (siglo IV) y murió en el año 430 (siglo V) viviendo así 76 años. Sus padres eran de cierta posición económica pero no ricos. Su padre, Patricio, era un pagano de temperamento violento y madre, Mónica cristiana. Agustín era una persona con muchos amigos y le gustaba mucho estudiar latín. Estudió retórica en Cartago (arte de hablar y escribir) y más tarde abrió una escuela.
Tiempo después, a sus 19 años, leyó un libro de Cicerón en base al cual comenzó la búsqueda de la verdad y la sabiduría las cuales lo inspiraron durante toda su vida. Formó parte del Maniqueísmo, fundada por el persa Maqui, en donde había un dualismo del bien y el mal. El bien era el ámbito de la luz (espíritu) que era gobernado por Dios y el mal era el ámbito de la oscuridad (problemas) gobernado por Satán. Un día el mal invadió el bien y desde allí tienen una constante pelea. La forma de llegar a la salvación es mediante el conocimiento del ámbito de la luz, en donde el alma puede dominar los deseos carnales y así ascender al campo divino. El maniqueísmo destaca dos grupos según el grado de perfección espiritual: los “elegidos” (que tenían un nivel alta) y los “Oyentes” (que tenían un nivel más bajo). Con el tiempo se conseguirían rescatar todos los fragmentos de la luz divina y el mundo se destruiría, volviendo a separar la luz de la oscuridad.
Las razones por las cuales San Agustín se convirtió al Cristianismo son: La madre era muy cristiana y le enseño desde chico a orar. La influencia de San Ambrosio, quien lo ayudó a comprender los textos bíblicos. San Agustín fue proclamado a la vez Padre y Doctor de la Iglesia.
APORTES DEL AUTOR A LA FILOSOFÍA
DIOS, el amor y la caridad van en un primer plano en la vida intelectual. El pensamiento y la filosofía están movidos por la razón. La fe busca la comprensión.
EL HOMBRE EN EL MUNDO, el cual tiene una conciencia moral. El mismo debe conocer y querer la ley.
ALMA, es espiritual; la facultad de entrar en sí mismo. Las facultades del alma: memoria, inteligencia y voluntad o amor.

LA TESIS EN LA QUE SE BASA EL AUTOR
La Verdad: San Agustín hizo triunfar la posibilidad de conocer la verdad. Los escépticos dicen "no existe la verdad; de todo se puede dudar"; a lo que él replica "se podrá dudar todo lo que se quiere; de lo que no se puede dudar es de la misma duda". Dios: San Agustín que busca la verdad en el interior del hombre, hace énfasis: “Dios es la verdad”. Eleva de lo verdadero singular a la verdad una gracia a la que todo lo verdadero es verdadero para tener participación en ella. Dios el todo de lo verdadero, el ser bueno de todo lo bueno, el ser de todo ser. Así Dios es todo, pero a la vez no es nada de todo, ninguna categoría se le puede aplicar.
Creación: este concepto no es filosófico sino teológico. La creación proviene de un acto libre de la voluntad de Dios. San Agustín ve que no se puede resolver con nuestros conceptos espaciales y temporales. Alma: El alma tenía para él especial interés. "A Dios y al alma deseo conocer". El alma tiene un efecto el primado frente al cuerpo. Cierto que San Agustín no es ya pesimista acerca del cuerpo: el espíritu del cristianismo y su doctrina de la creación no lo permiten. No obstante, para San Agustín el hombre es propiamente el alma. Y así, seguirá pensándose, aun después de que en la alta edad media prospere la formula aristotélica de la unidad del cuerpo y el alma. El Bien: cuando San Agustín habla en lenguaje religioso, el bien no es para él otra cosa más que la voluntad de Dios. Pero cuando trata de descubrir los fundamentos más profundos, dice: "El bien se da con la ley eterna". Son las ideas eternas en la mente de Dios que, como para los platónicos, también aquí constituyen el fundamento de conocer, del ser y del bien. Son un orden eterno. No solo el hombre es bueno, también los seres son buenos y el conocimiento es verdadero, con tal que se orienten conforme a este orden eterno.
La Ciudad de Dios: siempre tendrá lugar en la historia del mundo la lucha entre la luz y las tinieblas, entre lo eterno y lo temporal, entre lo supra sensible y lo sensible, entre lo divino y lo anti divino. En su gran obra la Ciudad de Dios San Agustín, muestra cómo los poderes del bien tienen que luchar constantemente con los poderes del mal. Su sentido definitivo es el triunfo del bien sobre el mal.
CAPITULO IV
El capítulo cuarto, del Libro Primero de la obra La Ciudad de Dios, refuta a aquellos que piensan que el servicio de los muchos dioses venerados por los paganos es necesario para que la situación humana sea próspera, y a los que afirman que la actual desgracia terrible es la consecuencia de haber impedido ese servicio. Quienes blasfemaban, imputan a Jesucristo las calamidades que ellos padecían por la perversidad de su vida y sus crímenes y al mismo tiempo no advierten que se les perdona la vida por reverencia a nuestro redentor.
Juno, lugar privilegiado de Troya, ésta, madre del pueblo romano; asilo para los delincuentes, no logro amparar a los suyos, ni los libró del fuego y cuchillo de la furia de los griegos, siendo así nación que adoraba los mismos dioses; por el contrario pusieron en el asilo y templo de Juno a Phenix, y al bravo Ulises, para guardar el botín de piedras preciosas, tazones de oro macizo y ropas; que procedían de templos de todas partes por los saqueos e incendios. Alrededor estaban los niños y sus madres en prolongadas filas observando el rigor del saqueo. Eligieron un templo consagrado a la deidad de Juno, no para que dé el no se pudiese extraer los cautivos, sino para encerrarlos con mayor seguridad. Aquel asilo y lugar privilegiado no ya dedicado a un dios ordinario, sino consagrado a la hermana y mujer del mismo Júpiter y reina de todas las deidades, se compara con las iglesias de nuestros Santos Apóstoles se forma un paralelo.
En Troya los vencedores consideraban como un triunfo los despojos y presas que robaron de los templos, con el ánimo de distribuir el botín entre todos y no de restituirlo a los vencidos; en Roma volvían con reverencia y decoro las alhajas que hurtaban en diversos lugares pertenecientes a templos y santas capillas. En Troya, los vencidos perdían la libertad, encerraban y cautivaban, y en Roma conservaban ilesa la libertad con todas sus pertenencias; se prohibía rigurosamente el cautiverio. En Troya eran señalados de esclavos y en Roma eran rescatados y puestos en libertad. Finalmente la arrogancia y ambición de los Griegos escogió supersticiones del templo de Juno; en Roma la misericordia y respeto de los godos escogió las iglesias de Cristo para asilo y amparo de sus fieles. Virgilio describió la práctica que suelen observar los enemigos cuando saquean y destruyen las ciudades.
“La ciudad de Dios la componen cuantos siguen su palabra, los creyentes; la terrenal, los que no creen. Esa lucha continuará hasta el final de los tiempos, en que la ciudad de Dios triunfará sobre la terrenal, apoyándose San Agustín en los textos sagrados del Apocalipsis para defender su postura. De hecho, la oposición señalada será utilizada posteriormente para defender la prioridad de la Iglesia sobre los poderes políticos, exigiendo su sumisión, lo que ocurrirá en la alta edad media. Asegurada esa dependencia, San Agustín aceptará que la sociedad es necesaria al individuo, aunque no sea un bien perfecto; sus instituciones, como la familia, se derivan de la naturaleza humana, siguiendo la teoría de la sociabilidad natural de Aristóteles, y el poder de los gobernantes procede directamente de Dios.”
Dios, el ser que los filósofos piensan como la perfección absoluta y el principio de todo; y que la fe cristiana considera encarnado en la persona de Jesucristo, ha de haber tenido alguna razón para morir, según la propia fe, para la salvación de las almas. Aún nos cuestionamos: ¿En qué consiste esa salvación? y ¿cuando comienza esa salvación?; hay que esperar después de la muerte o podemos pensar que algún día en nuestra propia existencia cotidiana es posible disfrutar algo que se asemeje a una vida sin zozobra, ni angustia, ni temores; donde los hombres puedan gozarse la verdad, la creación, el bien, salvar el alma y encontrarse en la ciudad de Dios. Se creía que el cristianismo era capaz de realizar y dar validez al sacrificio de Dios que entrega a su hijo para que nazca y muera por los hombres.

LA OBRA EN UN CONTEXTO ACTUAL
Solo bajo la ensoñación de una utopía podemos imaginar una ciudad de tan grandes atributos; solo imaginable en el mundo de las ideas; solo relacionándola con lo divino; porque lo que concierne al mundo de los hombres, de lo terrenal y lo mundano, en la realidad de los tiempos modernos, solo podemos disfrutar de la creación, la del “hombre”, que mal formando la chispa divina, le da libertad a sus sentidos, busca la verdad en los otros, por que en sí mismo solo habita un alma prisionera del pecado; a aquel heredado desde el paraíso, que teme darle cuenta a un Dios, al cual solo conocerá cuando muera; porque en vida entregara todo a los placeres de la carne; sabrá en su conciencia, que en el juicio final el bien triunfara sobre el mal, la luz cubrirá las tinieblas y será el fin de un disfrute terrenal y el inicio de la incertidumbre de lo eterno.

La ciudad no fue la que soñó Platón; una democracia de todos para todos; ni la de Aristóteles, construida hombre a hombre gobernados por la razón; tampoco la de San Agustín, la ciudad de Dios. Hoy es la ciudad de los sentidos, la que construye el hombre; sembrada de gérmenes, con cultivos de delitos; mercaderes de la muerte; ciudad de delincuentes, que guardan la esperanza de una supervivencia supuestamente fácil a cambio de perder todos los principios y valores que lo identifican como humano; la ciudad con su producto el “delito”, se ha vuelto muy productiva, insensible e invencible. Pocos campos quedan que produzcan el bien y pareciese que en ésta, la ciudad de los hombres; las tinieblas cubren la poca luz, y en ese espacio gris y contaminado, la muerte encuentra su pasarela para ofrecerse, como solución, como disfrute o sencillamente como un estilo de vida.
No hay necesidad de legitimar la pena de muerte, esta se legitima a través de la misma practica, secuestrados, desaparecidos, desplazados, violadores, corruptos, delincuentes comunes, y de cuello blanco; toda una diversidad de maldad creada por el hombre para el servicio del hombre. Y el estado representado por políticos y articulados por los medios; queriendo solucionar los problemas cotidianos de una sociedad cansada de demagogia, invadida de noticias y recreadas con imágenes; que hablan de la crisis; de la amenaza de guerra con sus propios vecinos; de la soberanía en las fronteras; de los traficantes de drogas, de armas; de la trata de personas; de asesinos en serie; de violadores de niños; del maltrato; de padres asesinos de sus propios hijos; del riesgo ambiental; de la capa de ozono; del deshielo en los polos; de la contaminación; de la belleza y la muerte en el quirófano, de cientos de personas que quieren tener el estándar, para vivir en la ciudad de los sentidos; del sida y por qué no de la gripa AH1N1; de las fabricas en quiebra y de cientos, de miles de desempleados. Una forma sutil de apoderarse de la razón, y de acrecentar sus miedos y temores.

Si hay desempleados hay problemas para subsistir y a todo se puede acostumbrar el hombre menos al hambre, menos a no tener que llevarle de comer a sus familias. Por ello se cae en la tentación que ofrece la delincuencia; porque es la maquinaria la que pone el campo de cultivo para que la gente decente se arroje a su nuevo estilo de vida “el delito”, matizado por la muerte. ¿Dónde están las soluciones que ofrecen nuestros políticos?
Una dictadura no construye una sociedad justa a base de la caridad, en donde lo único que se hace es repartir el hambre. Tampoco la soberbia y el egoísmos; menos aun la iglesia, a través del temor al fuego eterno “Dios, al encarnarse, nos vino a decir: Id al fuego eterno porque tuve hambre y no me diste de comer, tuve sed y no me diste de beber, estaba enfermo y no me visitaste… etc.”. “Dijo también lo de los talentos, de las potencialidades que le da al hombre para que le produzcan, las capacidades humanas para que las desarrolle. ¿Qué hiciste con los talentos que te di? Los enterré. ¡Ah sí! los tenía, y lo que se hizo fácil se logró lo que costó trabajo ni siquiera se intentó”. El hombre hoy está solo, se siente solo y es más sencillo corromper su cuerpo, que purificar su alma. Al menos de corrupción sabe, pero de sanar no.
¿Cómo construir La ciudad de Dios; dentro de la ciudad de los hombres?; si éste ha levantado murallas y ha construido ciudades y ha vuelto a levantar las murallas, para que cada vez más la luz no llegue a las tinieblas y no se vea la pobreza, el hambre, la explotación, la deshumanización lastimera. Es cierto todo parece indicar la ubicación de la ciudad de los hombres. Es en un socavón; poco a poco construyó su ciudad, en busca del oro y las piedras preciosas y mientras más buscaba lleno de egoísmo, y de envidia, más se fue enterrando, ¿por qué erró su decisión de edificar?, era sobre su alma y no sobre su cuerpo. Edificar sobre su alma lo había llevado a la ciudad de Dios; lo que edifico sobre su cuerpo lo aprisiono en ese estrecho socavón donde hizo prisionera a su propia alma.

SINTESIS
San Agustín, trata en su obra, la historia de las dos ciudades, lo que quería hacer, era tomar la defensa de la religión cristiana contra sus acusadores y plantear la historia de la Ciudad de Dios. Hacía ya mucho tiempo que el autor venía meditando acerca de la oposición de las dos ciudades; la toma de Roma acelero el contenido de la obra. Es una obra que plantea su pensamiento filosófico, teológico y político. Muestra otro enfoque acerca de la creación y lo que nos espera en la vida después de la muerte. Su teoría de la historia procede de la que tiene sobre la naturaleza humana. Que a la vez deriva de su teología de la creación y de la gracia. No es una teoría racionalista, si se considera que se inicia y termina con dogmas revelados; pero sí es racional por la lógica estricta de su procedimiento e implica una teoría definitivamente filosófica y racional sobre la naturaleza de la sociedad y de la ley, y la relación entre la vida y la ética.

CONCLUSION
Mi postura sobre la posición de San Agustín en La Ciudad de Dios: discrepo en la concepción de la virtud en el hombre y de la lucha final entre el bien y el mal en un marco de lo divino. Con relación al planteamiento de la lucha eterna entre el bien y el mal; este tiene vigencia en los tiempos modernos, identificándola en la concepción del hombre, como un ser mortal, con un alma divina; esa lucha es interna en su ser; en la misma confusión de la definición de su propia naturaleza; (terrenal o divina), el hombre tiene conciencia de lo bueno y lo malo; pero adopta el libre albedrio, ¿Qué lleva al hombre a actuar y no temer a la ira de Dios?. ¿Dónde quedo el concepto de esperanza que plantea la ciudad de dios? Encuentro un paralelo entre la ciudad de dios en la antigüedad y la ciudad de los sentidos en la actualidad, en la que una se orientaba a la virtud, y la actual al delito. El hombre ha perdido la fe en sí mismo y la esperanza en Dios, por cambiar su búsqueda hacia el conocimiento y entretenerse con satisfacer sus sentidos; al buscar la comodidad de lo fácil tiene como producto la deshumanización.
Si tanta imperfección gobierna al hombre, ¿Por qué colocar tanto valor a las instituciones, si finalmente están conformadas por hombres? Considero que la necesidad del individuo de pertenecer a una sociedad, el entender que un hombre solo es gobernado por la razón, pero en el contexto de sociedad lo gobierna, la fuerza, el Estado y el temor, crea las instituciones que vienen a representar la soberanía, la que se ejerce a través de la voluntad de los hombres; en donde prima el interés individual sobre lo colectivo, dando paso a la corrupción.

BIBLIOGRAFIA.
Para la elaboración de este ensayo se tuvo en cuenta las siguientes lecturas:
Texto guía suministrado por el profesor
http://es.wikipedia.org/wiki/Agust%C3%ADn_de_Hipona#Biograf.C3.ADa
http://www.webdianoia.com/medieval/agustin/agustin_filo.htm
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/402524.ensayo-sobre-la-cultura-la-ciudad-de-dios.html
http://mariedenazareth.com/2205.0.html?&L=3
http://eltranpas.wordpress.com/category/ensayo/
http://html.rincondelvago.com/san-agustin_4.html
http://html.rincondelvago.com/la-ciudad-de-dios_san-agustin.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores